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Estrategia de Marca Tradicional vs. Universo de Marca

Las estrategias de marca se están volviendo cada vez más complejas. No porque las marcas hagan más cosas, sino porque cambia la lógica con la que se construyen, a partir de las transformaciones culturales que estamos atravesando.

Quiero poner el foco en una idea que para mí es central: la de universo de marca, un enfoque que empieza a correr el eje de la estrategia tradicional y a reorganizar la forma en que se construye valor.

La estrategia de marca tradicional se centra en algo concreto: definir qué decir y cómo posicionarse. Es ordenar el mensaje, el público, el diferencial y ver cómo comunicar todo eso de forma clara y consistente. Es una lógica más cercana al marketing, donde la marca habla y el consumidor escucha, y donde el objetivo principal es que la gente entienda qué ofrecés y por qué debería elegirte. Hay una búsqueda de claridad, de síntesis, de que el mensaje llegue sin ruido y se sostenga en el tiempo.

La idea de universo de marca corre ese eje y amplía bastante el alcance. Ya no es suficiente tener un buen mensaje o un posicionamiento claro, porque la relación con las marcas empieza a construirse en otros planos. Aparece la necesidad de desarrollar algo más amplio: un mundo alrededor de la marca, con estética, códigos, valores, referencias culturales y formas propias de interacción. Es una lógica más cercana a la influencia cultural. En ese marco, el cliente deja de ser alguien que simplemente compra para pasar a ser alguien que participa: interpreta, comenta, comparte, se identifica e incluso produce contenido y significado dentro de ese sistema. Empieza a aparecer algo más cercano a una comunidad, a una identidad compartida que se construye y se sostiene en el tiempo.

Entonces la marca deja de funcionar solo como alguien que comunica y empieza a operar como un espacio donde las personas se reconocen, se agrupan y se expresan . Y eso cambia bastante la naturaleza del vínculo, porque la relación deja de sostenerse únicamente en el producto o en el precio y empieza a apoyarse en la identificación y la pertenencia. El núcleo de la marca sigue estando —no es que todo cambia todo el tiempo—, pero ese núcleo se despliega en múltiples direcciones. Es tener una idea muy clara y permitir que aparezca en distintos formatos —productos, experiencias, contenidos, colaboraciones— sin perder coherencia. Ahí es donde la marca gana movimiento, se vuelve más flexible y se expande sin perder consistencia.

También cambia lo que se busca lograr. No se trata solo de que alguien recuerde un producto o un mensaje, sino de que quede instalada una asociación más profunda en la cabeza de las personas, algo que se conecta con cómo viven, con lo que valoran, con ciertos códigos que sienten propiosQue la marca entre en ese terreno donde empieza a dialogar con la identidad, con aspiraciones o con formas de ver el mundo, y no solo con una necesidad puntual.

Si lo llevo a una síntesis: la estrategia de marca clásica trabaja sobre la claridad del mensaje y la diferenciación; la lógica de universo de marca, en cambio, construye un sistema en el que las personas pueden entrar, participar y sentirse parte. En ese desplazamiento empiezan a aparecer vínculos más fuertes, más estables y, sobre todo, más difíciles de reemplazar.

Daniela De Sousa Mendes